A ver… vengo caminando, tranquilo, por el Chinatown. Como el nombre lo indica, me encuentro en el barrio chino. Obviamente, la mayoría de las personas que viven, comen, compran (mercadería de dudosa procedencia) y caminan por aquí son de dicha nacionalidad. Hasta acá todo normal. En el barrio chino, muchos chinos, en el barrio ruso, muchos rusos y así sucesivamente. El tema es que pareciera que en todos lados estamos en el barrio chino por la masiva presencia de nuestros hermanos mandarines. Es una invasión, salen por debajo de la tierra (aclaro que es un manera de decir que son muchos, no quiero que de casualidad entre un cibernauta chino y me insulte).
Esta situación tiene preocupado a Mister Obama por lo que ordenó a sus máximos asesores realizar una investigación para dar a conocer cuántos chinos viven en su país. Ante tamaño pedido, los asesores asintieron por el sólo hecho de que los de seguridad les apuntaban. Segundos después, uno de estos asesores que aconsejan “milimétricamente” al hombre más poderoso, propone “caretear” dicha información (cantidad de personas oriundas de China en los Estados Unidos de América) presentándola como censo. Ahí fue todo felicidad. Era la mejor estrategia.