jueves, 17 de diciembre de 2009

Viaje al pasado

Fue un viaje muy particular. No estoy hablando de un viaje de vacaciones ni nada por el estilo. Hablo de un viaje “inter-urbano”, más precisamente en el subte A, la línea subterránea más antigua de Latinoamérica. Yo que pensaba que sería uno más de las tantas horas vividas en el oscuro mundo subterráneo.

Jamás había tomado esa línea. Si sabía que era la primera en construirse en la ciudad, allá por 1913. De esa fecha ya pasaron casi 100 años (96, exactamente) y, al parecer, la idea es mantenerla tal cual. Y cuando digo “tal cual” es “tal cual”.


Los vagones bastante destartalados por el tiempo y el uso, tapizados con la misma madera con la que fueron inaugurados allá por el 1900, con puertas que se abren fácilmente con las manos y con uno velador de techo (no logro encontrar una palabra mejor para describirlo, pero si usted viajó en esta línea, sabrá de qué le hablo) para iluminar un poco la formación. Mantenimiento e inversión no forman parte del léxico de esta línea.

Sinceramente disfruté del viaje. Jugué con mi imaginación y retrocedí unos años, fantaseaba con las situaciones cotidianas de aquellos tiempos. Las estaciones me recordaban al Western, género cinematográfico americano por excelencia, a principios del siglo pasado. Sólo faltaban los vaqueros y los disparos.

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