Por dar algún ejemplo de lo nefasto que fue todo podría recordar el último puesto en la tabla de posiciones en el Apertura 2008/09, que en dos ocasiones no se superó la fase de grupos de la Copa Libertadores, que se vendieron jugadores por millones y millones de dólares (Higuaín, para dar sólo un ejemplo, aunque en realidad a River por él no entró demasiado dinero por otra de las “tramoyas” del aguilarismo, que fue vender porcentajes a grupos empresarios en claro perjuicio para el club) y, sin embargo, hoy la institución tiene también millones y millones, pero en pasivos.
Se tardó 8 años en construir un museo (vale la pena aclarar que se necesitó de la ayuda económica de la empresa Adidas porque de lo contrario no se lo hubiera “terminado”, bueh, “terminado”, sin contar que carece de pintura en varios sectores del mismo); que los baños del club son un desastre y muchas veces carecen de agua. Y, como broche de oro, las barras se convirtieron en personajes de extremo poder, con capacidad para hacer y deshacer a propio gusto, con total impunidad y bajo la protección de muchos de los dirigentes. Un terrible lío en tan sólo 8 años, de la gloria a la agonía, José María.

Para variar, la organización de las elecciones también fue mala. Horas haciendo una cola interminable que ocupaba al menos un cuarto del anillo interno del club generó que algunos desistieran y volvieran a sus hogares. Acto eleccionario que también tuvo un descenlace extraño, con mucha boca de urna y un final de película. La pantalla del hall del club donde se exponían los resultados daban ganador a D´Onofrio por 2 votos, cuando la justicia (léase, la IGJ) le otorgó la victoria al Kaiser Passarella (¿o Frassarella, como decía una lista trucha que merodeó por los cuartos oscuros?) por 6 votos. ¿Quién ganó entonces?, aparentemente Passarella, aunque todavía sigue la polémica.
En fin, no importa tanto quien será sino quién no será. Aguilar es pasado, por suerte. Ahora hay que levantar al club, al gran River Plate, el más grande de todos en la Argentina. Por su historia, por sus jugadores, por lo que significa River en si mismo. Por su gente, su hinchada, que acompaño pese a esta hecatombe. Porque River se merece estar arriba y no abajo. Porque River es River.
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