Periodista trabajando en una zapatería. Perdón, dos periodistas, porque mi compañera también está estudiando periodismo. Aunque sólo le queda una materia para recibirse. Es una situación rara, supuestamente soy auditor, es decir, chequeo que nadie haga ninguna “tramoya” con el dinero ni tampoco con la mercadería, dígase, zapatos. Pero también tengo que hacer encuestas, preguntándoles a los potenciales clientes que entran al local sobre sus preferencias, lugar de residencia, de trabajo y la edad. Gran tema la edad, teniendo en cuenta que son todas mujeres las que habitúan el comercio.
Son 6 horas de trabajo. Durante éstas, apenas si entran un puñado de personas y, por lo general, nadie está dispuesto a que les haga una pequeña encuesta. Pongo cara de simpático y me mando: “Discúlpeme, ¿le podría hacer una encuesta?, es sólo un minutito” ajajá. Increíble. Más si la persona que entra es un foráneo y no “caza” una de español. Ahí me acerco y con mi primitivo inglés encaro. Mi “chamuyo” en inglés queda para otro capítulo.
Paso mucho tiempo mirando las paredes del local. Tranquilamente podría estar disfrutando del glamour de la gente que se pasea por el lugar. Mientras no haya un cliente, puedo hacer e ir a donde se me cante já. Pero esta atribución todavía no me la tomo. Demasiada confianza de una. Tampoco hablo demasiado con la vendedora. Aunque es buena onda eh. Es colombiana, más precisamente de Bogotá. Quiero discutir sobre las bases “yankis” en su país, pero no quiero generar discordia tan tempranamente.
El atardecer se impone y con éste aparece la luna y se esconde el sol. Primer día OVER.
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Hace 3 años
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